El descenso lo realizó cada quién a su ritmo. Y el punto de encuentro era el autobús que nos llevaría de regreso a Okazaki. Cuando te digan que bajar el monte Fuji es aún más duro que subirlo, hagan el favor de no reír... es completamente cierto. Yo fui el segundo en llegar al autobús tras casi 4 horas de caminata sobre graba resbaladiza. El estilo de caminata fue nombrado por unanimidad como el Zombie-walk que implica arrastrar los pies, llevar la mirada perdida y resbalar continuamente sin caer al suelo. La verdad es que no puedo decir que el viaje de regreso fuera largo... no recuerdo nada.

1 Comments:
¿Pero qué te dije?
La verdad, pensaba que lo del asceso a´l volcán serí algo más turístico y relajado. Menos mal que los japoneses se mantienen firmes a "El que algo quiere, algo le cuesta". El esfuerzo deja más huella que cualquier foto digital.
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